Cuando tenemos miedo o estamos angustiados, inconscientemente tensamos el cuerpo y dejamos de respirar de forma natural y fluida. Es momento en donde lo más común que solemos decirnos es “no tengo miedo”.
Decirnos esto NO sirve. Al contrario, estamos enviando señales a nuestro cerebro de que hay una emergencia, hay peligro.
Nuestro cuerpo se prepara fisiológicamente para responder, nos tensamos más, limitamos la entrada de oxígeno, respondemos de forma irritable.
La realidad es que nadie nos ha enseñado conscientemente a vivir el miedo, no nos han enseñado a sentirlo, aceptarlo, usarlo a nuestro favor.
Somos más grande que esta emoción y podemos trabajar para resolver, seguir adelante desde ella.
Para vivir el miedo conscientemente lo primero que hay que hacer es darse cuenta de qué se esta sintiendo y no huir (a menos que sea una situación que atente con nuestra vida).
Cuando lo identifiques, es útil, centrarte en tu respiración, permitiendo que entre el aire de manera suave y profunda.
Segundo, no dejes que el miedo te defina, no te vuelvas el miedo, háblale como si fuera un otro, recuerda que es importante sentir que nosotros tenemos el control de nuestras emociones, y no que las emociones nos controlen a nosotros.
A algunas personas les sirve pedirle al miedo qué es lo peor que puede pasar y afrontarlo en la imaginación.
Así se aparta la fantasía tormentosa y se introduce en una realidad mucho más sanadora.
Ábrete, permítete sentir, experimenta todas esas sensaciones, observa los pensamientos.
Cuando se empieza a practicar vivir el miedo conscientemente, lo que estás sintiendo trasciende y es más probable que cambie.
Podrías decirte:
“Estoy sintiendo miedo, puedo aceptarlo y ahora quiero intentar recordar cómo se siente mi cuerpo cuando no tengo miedo”.
”Tengo miedo, no soy mi miedo, soy más grande que estas sensaciones”.
Ahora bien, si estas ayudando a alguien que siente miedo no le digas “no tengas miedo” “relájate”… sugiérele que respire, háblale pidiéndole que ejecute algo.
Por ejemplo: “Imagina cómo se siente tu cuerpo cuando no tienes miedo”.
Incluso puedes ayudarle a través de la respiración: sincroniza tu respiración con la del otro, así sea muy rápida, ya que estén respirando en la misma velocidad, comienza a bajar el ritmo de la respiración, se están sincronizando, él/ella hará lo mismo.
Si aprendemos a sentir el miedo, vemos la realidad como es y no como la veníamos imaginando.
Si aprendemos a aceptar el miedo surge la autoconfianza, lo que nos lleva a sentir nuestra autoestima más adecuada.



